En el mundo actual vale la pena preguntarse si los niños deben aprender de nosotros o nosotros de ellos.
Quisiera abrir este blog contándoles sobre mi propia caja imaginaria, aunque no se mucho de ella, no se si yo la construí sola o con ayuda de alguien, tampoco sé cuando empezó a rodearme o si algún día desaparecerá, pero me encanta cuando se rompe, así sea un pequeño pedazo.
Me gradué de diseñadora, sin imaginarme la cantidad de oportunidades que esa decisión me iba a regalar en mi futuro. Mi trabajo favorito en el campo del diseño fue cuando formé parte de equipos multidisciplinarios para la creación de entornos didácticos e interactivos, que tenían como reto explotar alguna emoción en nuestros usuarios para que ellos logren producir aprendizajes significativos para su vida.
Me gustaba tanto que me dediqué a eso más de seis años, durante los cuales también me convertí en mamá de dos niños increíbles, de quienes día a día aprendo algo nuevo, y me hacen la mujer más feliz del mundo. Mi hijo mayor, cuando llegó a la famosa edad de 2 años tuvo algunos problemas de comportamiento, y junto con mi esposo, como la mayoría de padres que conozco, intentamos todas las técnicas para que él respete los límites y se "tranquilice", pero no lograba disminuir su rebeldía. Hasta que un noche, al escuchar sus miedos, comentarios y dudas tras la lectura de La Caperucita Roja, una parte de mi caja imaginaria se rompió una vez más: me di cuenta que el problema era yo, había trabajado tanto tiempo creando espacios adecuados para lograr aprendizajes significativos, y en mi casa el entorno no iba de acuerdo a los intereses de mi propio hijo, así que decidí olvidarme de las teorías y empezar a crear lazos con él para conocerlo de verdad.
Al leer una entrevista a Yolanda Reyes, decidí que, en efecto, mi herramienta mágica para acercarme afectivamente a mi hijo podrían ser los cuentos, y mientras más la usaba más emociones obtenía, cosa que nos unió mucho y nos empezamos a entender de verdad.
Me apasionó tanto este tema, que decidí realizar una especialización en literatura infantil, y dar un giro en mi profesión para especializarme en este tipo de entornos, con tanta suerte que estoy trabajando en una biblioteca de preescolar y cada día aprendo algo nuevo en esta aventura mucho más significativa en mi vida actual.
Como agradecimiento por la magia que descubro a diario en estos encuentros de los niños con los libros, quisiera compartir mi experiencia y ojalá conocer las suyas para apoyarnos mutuamente, e ir rompiendo nuestras cajas imaginarias.



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